
Llegó el 31 diciembre de 2021 y, con apenas dos centenares de contagios diarios de COVID-19 en todo el archipiélago, los japoneses ayer sí salieron a celebrar…
Es que las cifras de contagios de COVID-19 -aun cuando la variante Ómicron llegó al país hace más de un mes- experimentan un drástico descenso desde octubre pasado. Lejos quedó el colapso de finales de agosto pasado, cuando como consecuencia de los Juegos Olímpicos el país tocó su pico de infecciones con 25.000 casos diarios. Ahora, en un país con más de 125 millones de habitantes, hace semanas que no se superan los 200 casos.
El caso más llamativo en el de Tokio, un monstruo de 40 millones de habitantes que registra una media de 45 casos en la última semana.
La curva prácticamente plana de casos es un misterio para los expertos, que tampoco pueden explicar las sorprendentes bajas tasas de mortalidad, en un país con una de las poblaciones más envejecidas del mundo, con casi el 30% de sus ciudadanos de 65 años o más.
Los especialistas buscan un “factor X”, como la genética, que pueda explicar la tendencia e informar sobre cómo Japón está capeando el colapso que experimentan otros.
“Sinceramente, no sabemos la razón exacta de la repentina caída de las muertes por covirus en Japón”, dijo Taro Yamamoto, profesor de salud global en el Instituto de Medicina Tropical de la Universidad de Nagasaki, a The Washington Post.
