​Por: Cesar Caamaño.
Especialista en materia de seguridad publica y contrainteligencia.

​En los últimos años, el debate sobre la seguridad publica ( mal llamada seguridad ciudadana) y la defensa estratégica se ha visto inundado por una marea de títulos pomposos y discursos prefabricados.
Basta encender la televisión, abrir las redes sociales o revisar las nóminas del sector público y privado para encontrarse con una abundancia de «asesores» y «consultores» que afirman tener la fórmula mágica contra la criminalidad.
Sin embargo, detrás de la jerga técnica y las soluciones de manual, la realidad nos demuestra una dura verdad: la mayoría no sabe nada sobre el tema.

​Hemos confundido la verdadera ciencia de la seguridad, que exige años de análisis de inteligencia, criminología aplicada, gestión de riesgos, sociología y operatividad, con el mero oportunismo.

Abundan aquellos que, tras haber ocupado un cargo burocrático o haber realizado un curso exprés, se autoetiquetan como consultores internacionales.
El resultado de este intrusismo está a la vista de todos: diagnósticos erróneos, políticas improvisadas, compra de tecnología inútil y, lo peor de todo, un deterioro constante en la protección de los ciudadanos.
La seguridad no se resuelve con diapositivas elegantes ni con eslóganes políticos; se resuelve con rigor técnico.
​Es hora de poner fin a esta improvisación financiada con fondos públicos y privados.
La crisis actual exige desmantelar este circo de falsas eminencias y abrir paso a una discusión seria, profunda y desprovista de egos o intereses comerciales.
​Lo que verdaderamente necesita nuestra nación es la convocatoria urgente de un Foro Real de Discusión en Materia de Seguridad.
​Este espacio no debe ser otra pasarela mediática para que los «asesores» de siempre se tomen la foto.
Debe ser un encuentro de trabajo riguroso, a puerta abierta para el análisis técnico, que reúna a:

  1. Profesionales de campo: Policías, militares, criminólogos y analistas de inteligencia con trayectoria real.
  2. Académicos e investigadores: Expertos que sustenten sus propuestas en datos probados y metodologías científicas.
  3. ​Operadores del sistema de justicia: Jueces y fiscales que conozcan las grietas del proceso penal y la impunidad.
  4. ​Sociedad civil y sector productivo: Quienes sufren de primera mano el impacto de la inseguridad.

​En este foro se deben debatir verdades incómodas:
la reestructuración de las doctrinas de seguridad, la actualización tecnológica contra el crimen organizado, la prevención social efectiva y la profesionalización del personal de campo.

​Si continuamos dejando la estrategia de seguridad en manos de improvisados que solo buscan vender consultorías vacías, seguiremos pagando el precio en vidas y estabilidad.
La seguridad es un tema demasiado grave para dejarlo en manos de diletantes.
Exijamos un debate de altura, con datos sobre la mesa y soluciones reales.

La seguridad debe estar acompañada de inteligencia/contrainteligencia y verdaderos agentes de campo.

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