Por: Cesar Caamaño.
Especialista en seguridad publica y contrainteligencia.

​Desde el fatídico terremoto del 12 de enero de 2010, Haití ha sido el epicentro de la mayor movilización de recursos humanitarios y fondos de cooperación internacional en la historia reciente de la región. Sin embargo, más de una década y media después, la realidad del pueblo haitiano no solo sigue siendo dramática, sino que ha involucionado hacia el colapso institucional, la violencia desenfrenada y la miseria extrema.


¿A dónde fueron a parar esos billones de dólares? La respuesta duele: se disolvieron en la burocracia de organismos internacionales, consultorías externas y las arcas de una élite política y económica local corrupta, dejando a la mayoría del pueblo en un abandono absoluto.


​El pozo de la ayuda: Miles de millones volatilizados
​Estimaciones de organismos internacionales indican que, entre 2010 y 2020, Haití recibió más de 13,000 millones de dólares en asistencia oficial para el desarrollo e iniciativa de reconstrucción. Solo en la conferencia de donantes posterior al sismo de 2010, los gobiernos e instituciones internacionales comprometieron más de 10,000 millones de dólares.


​A pesar de esta inyección masiva de recursos:
​Un porcentaje abrumador de la ayuda enviada por ONGs e instituciones multilaterales jamás entró a la economía formal haitiana; se quedó en contratos corporativos, salarios de consultores extranjeros y costos logísticos fuera de la isla.
​Proyectos multimillonarios de infraestructura, hospitales y vivienda prometidos tras el sismo nunca se concluyeron o quedaron abandonados por falta de mantenimiento e institucionalidad.


​Estadísticas de una involución sistemática
​Lejos de avanzar hacia la sostenibilidad, los indicadores socioeconómicos y de seguridad de Haití revelan una crisis estructural profunda:
​Pobreza y hambre: Más del 76 % de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, y la extrema pobreza supera el 24 %. A esto se suma que más del 50 % de la población enfrenta inseguridad alimentaria aguda o niveles de hambruna.

​Control territorial y violencia: En la actualidad, bandas armadas controlan entre el 70 % y el 80 % del área metropolitana de Puerto Príncipe, desmantelando la autoridad del Estado, provocando el desplomamiento del PIB nacional y forzando el desplazamiento interno de cientos de miles de ciudadanos.


​Dependencia extrema: El país sobreviviendo casi exclusivamente de las remesas de su diáspora, las cuales representan más de 3,000 millones de dólares anuales, superando ampliamente los ingresos por exportaciones o producción interna.
​República Dominicana: La única nación que carga con el peso de la crisis


​Mientras las potencias mundiales y los organismos multilaterales emiten discursos de solidaridad desde la distancia, la República Dominicana ha asumido en la práctica el costo humano, social y económico de la crisis haitiana.


​Dominicana ha sido el refugio, la red de salud y la válvula de escape de su vecino. Los hospitales públicos dominicanos absorben un porcentaje crítico de su presupuesto atendiendo a la población haitiana particularmente en materia materno-infantil, al tiempo que el sistema educativo y el mercado laboral asumen una demanda sin precedentes sin recibir compensación ni apoyo financiero significativo por parte de la comunidad internacional.

​La postura firme de Luis Abinader: Paz, orden y seguridad soberana
​Ante la inacción o los parches temporales de la comunidad internacional, la administración del presidente Luis Abinader ha marcado una línea firme y responsable en defensa de la soberanía dominicana y la seguridad regional.
​Firmeza diplomática: El presidente Abinader ha reiterado incansablemente ante la Asamblea General de la ONU y diversos foros internacionales que «no hay ni habrá jamás una solución dominicana a la crisis de Haití», exigiendo a la comunidad internacional asumir su responsabilidad real en la pacificación y reconstrucción de la nación vecina.
​Control fronterizo y seguridad: Bajo su gestión se completaron tramos clave del muro verja fronterizo inteligente y se reforzó la presencia militar (alcanzando más de 11,000 efectivos en la frontera), asegurando que las bandas criminales no penetren el territorio nacional.
​Apoyo a la pacificación con límites claros: El gobierno dominicano ha brindado apoyo logístico, médico y de inteligencia a los esfuerzos de paz apoyados por la ONU, pero manteniendo una regla inquebrantable: proteger el suelo dominicano y no intervenir militarmente, priorizando la paz, el orden y la estabilidad de su propia gente.
​Haití continúa atrapado en un bucle desgarrador donde unos pocos se benefician del caos y la mayoría padece la miseria. Es hora de que el mundo deje las promesas vacías y asuma el compromiso con Haití con la misma seriedad, humanidad y determinación que la República Dominicana demuestra día a día en primera línea.

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