
Por: Cesar Caamaño.Especialista en seguridad publica y contrainteligencia.
En el debate contemporáneo sobre la seguridad publica y la lucha contra el crimen en América Latina, dos modelos diametralmente opuestos acaparan la atención continental: por un lado, el puño de hierro de Nayib Bukele en El Salvador; por el otro, el enfoque de pacificación y concesiones estructurales promovido por Gustavo Petro en Colombia.
Con frecuencia se escucha en nuestras calles y tertulias políticas el clamor impaciente por imitar de manera irreflexiva uno u otro esquema en la República Dominicana. Sin embargo, pretender trasplantar soluciones ajenas a la realidad dominicana no solo es un error metodológico, sino un peligro estratégico que ignora las causas reales de nuestra propia criminalidad.
Génesis y Naturaleza Criminológica: La Falsa Equivalencia
Para entender por qué la República Dominicana no debe copiar ni el «Modelo Bukele» ni el «Enfoque Petro», debemos analizar primero la naturaleza misma del crimen en cada nación:
El Salvador y la Criminalidad Controlada (Maras): Las Maras (MS-13 y Barrio 18) constituyeron un fenómeno territorial cerrado, caracterizado por el control micro-geográfico de comunidades, extorsión generalizada y una simbología identitaria rígida. El modelo de excepción masivo funcionó temporalmente porque el «enemigo» era visible, localizable e identificable por patrones estéticos y comunitarios.
Colombia y la Macro-Criminalidad Estructural: El caso colombiano obedece a un conflicto armado de más de seis décadas, intrínsecamente ligado al narcotráfico internacional, la minería ilegal y poderosas estructuras paramilitares y guerrilleras geopolíticamente arraigadas.
La República Dominicana y el Crimen Oportunista y Policial: La delincuencia dominicana no responde al control de pandillas territoriales ni a guerrillas ideológicas. Nuestro reto principal es la delincuencia común, oportunista y urbana (asaltos, microtráfico de punto de esquina), sumada a la complicidad o debilidad institucional en la fiscalización de las calles.
Pretender aplicar en Santo Domingo o Santiago un estado de excepción al estilo salvadoreño para combatir el raterismo o el desorden del microtráfico es disparar un cañón para cazar una mosca. Además de socavar los derechos ciudadanos y la institucionalidad democrática, la naturaleza difusa de nuestra delincuencia haría ineficaz dicha medida.
El Incierto Día Después: El Gran Abismo del Bukelismo
Un aspecto crucial que muchos defensores del modelo salvadoreño omiten en su entusiasmo es la sostenibilidad del sistema. ¿Qué pasará cuando Bukele ya no esté?
El régimen de contención masiva de El Salvador ha demostrado ser un parche de alta efectividad a corto plazo, pero no ha preparado a las nuevas generaciones para sostener la paz en libertad. Al basar toda la estrategia en la figura hiper-personalista del mandatario y la reclusión masiva:
Ausencia de Reeducación Cívica y Generacional: No se están construyendo instituciones sólidas ni educando a la juventud vulnerable en valores de producción, legalidad e inclusión económica.
La Trampa de la Opresión Permanente: Si para mantener la paz social un Estado necesita mantener en prisión indefinidamente a un porcentaje masivo de su población masculina joven, el modelo no es sostenible en el tiempo ni fiscal ni legalmente.
El Riesgo del Vacío de Poder: Cuando las garantías constitucionales se desmantelan en favor de un solo hombre, la inevitable partida o desgaste del líder genera un vacío institucional donde el crimen organizado resurge de forma más sofisticada, violenta y rencorosa.
Soberanía de Seguridad: El Camino Caribeño y Dominicano
La República Dominicana no necesita mesías ni experimentos dogmáticos. El verdadero camino de la seguridad ciudadana en nuestro país debe levantarse bajo una identidad propia, adecuada a nuestra idiosincrasia y estructura social:
Reforma Profunda e Inteligente de la Policía: Requerimos una fuerza policial tecnificada, bien pagada y con sistemas eficientes de inteligencia preventivos, no redadas indiscriminadas.
Fortalecimiento del Poder Judicial: La impunidad en República Dominicana no se resuelve metiendo presuntos sospechosos a una cárcel sin juicio previo, sino logrando que la justicia condene con celeridad y pruebas contundentes a quien cometa un delito.
Inclusión Social y Oportunidades Reales: La auténtica prevención contra el crimen es la formación técnica, el acceso al empleo digno, la cultura y el deporte para los jóvenes de los barrios marginados, rompiendo el ciclo de la delincuencia desde la raíz.
No caigamos en la tentación del populismo punitivo ni en el permisivismo inoperante. La República Dominicana debe defender su democracia fortaleciendo sus instituciones y trazando una política de seguridad interna soberana, inteligente y con visión de futuro.
